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Sometimes you get the wrong impression || Rhymer Overwhill

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Sometimes you get the wrong impression || Rhymer Overwhill

Mensaje por Runyon A. Flamsteed el Sáb Abr 07, 2012 2:15 am

Unos últimos días de relajación y de libertad, eso era lo que estaba viviendo en aquellos instantes; no podía describirlo de la mejor manera. Había sido entrenado toda mi vida para ello y mi padre estaba más que consiente de que podía ser escogido para la Cosecha, algo que ambos deseábamos: él quería un hijo victorioso y que demostrara el honor que el Distrito 2 aún tenía; yo quería la victoria y el honor que los antiguos tributos habían tenido. Sin embargo ambos sabíamos a lo que nos estábamos arriesgando, a pesar de que ninguno de los dos hablaba de ellos y a pesar de que nos estaba dañando las entrañas. Mi madre siempre era la que se expresaba, ella había sido la que siempre se oponía a que yo entrenara para esos “infernales Juegos” aunque al final se había rendido y me había apoyado, pensando en que esos Juegos jamás volverían y que yo estaría en casa, a salvo. Pero hasta ella mismo lo sabía, los Juegos del Hambre iban a volver y su hijo quería participar. Cada día me trataba de convencer de que no era un lugar para mí, de que corría el riesgo de no volver, de que cambiara ese pensamiento de ofrecerme como tributo si no era elegido. Pero nada de eso cambiaba mis ganas de ir, de ganar gloria. Pero la comprendía, el día de la Cosecha estaba vez más cerca y los nervios me asaltaban con solo pensar que no podría volver a casa. Estaba más que decidido a dar todo en la Arena si es que era elegido, a matar a cualquiera que se interpusiera en mi camino a la victoria y a enfrentar lo que fuera pero aun así el riesgo de no volver al Distrito 2 estaba más que presente. La sola imagen de mi madre con lágrimas en los ojos me destrozaba por dentro aunque por fuera pudiera parecer una roca; era humano y no me salvaba de los sentimientos por más que quisiera evitarlo.

Aquel día mi madre había insistido en que quería dar una vuelta al Distrito 4 para visitar el mar en familia. Todos entendíamos a que se refería: pasar los posibles últimos días juntos; ni siquiera mi padre se había podido negar. Habíamos empacado unas cuantas cosas: ropa, algo de comida y cosas por el estilo; y nos habíamos subido en el primer tren que saliera hasta nuestro destino. Mis padres hablaron todo el camino, yo solo veía por la ventana y asentía de vez en cuando para aparentar que les ponía atención cuando la verdad era que mi mente estaba muy lejos. Ir a la Arena era lo correcto ¿o no? Para eso había entrenado desde mi niñez, no hacerlo sería una estupidez y un gasto de mi vida. Pero… ¿podría dejar a mi familia sin más? Jamás me había puesto a pensar de esa forma, siempre había aceptado mi destino pero ahora que los Juegos eran una realidad mi mente no hacía más que divagar en temas bizarros y que jamás me había planteado. Solo la alarma del tren me hizo despertar de mis pensamientos, todo el mundo ya estaba bajando y mis padres me miraban de forma extraña. Yo solo tomé mis cosas y empecé a caminar con los demás para poder salir de la máquina de una vez. Cuando así lo hice el olor a mar me dio de lleno en el rostro, inundando mis sentidos y haciendo que arrugara la nariz; para que negarlo, no era mi olor favorito. Mis padres salieron justo detrás de mí y empezamos a caminar por el camino que nos llevaría hasta la playa.

Solo fue cuestión de minutos para poder llegar y pronto nos instalamos en cualquier parte de la playa. Retiré mis zapatos y pude sentir como la arena invadía mis pies por completo, dándome una sensación placentera y relajante. Habíamos venido unas cuantas veces pero sentía que aquella vez era diferente. Solo pasaron unos cuantos minutos cuando les dije a mis padres que iría a caminar un poco y ellos solo asintieron así que no tardé mucho en darles la espalda y empezar a caminar a paso lento, dejando que el agua salada hiciera contacto con mis pies. Solo quería hacer eso, caminar y dejar de pensar en los estúpidos sentimientos que me invadían porque al final de nada me servirían. Seguí así por alrededor de media hora y cuando me giré para ver que tanto me había alejado de mis padres ni siquiera los pude distinguir, lo que significaba que ya me había alejado bastante aunque no le di importancia. Fue ahí cuando miré al mar, el cual estaba tranquilo aunque yo sabía que podía ser engañoso, tal como mi padre algún día me había dicho. “Nunca confíes en el mar. Es tan engañoso como una persona puede serlo”; sus palabras quedarían gravadas en mi memoria y jamás se irían de ahí; siempre estarían rondando como un fantasma.

No podía negar que él había tenido razón porque a lo largo de mi vida me había dado el lujo de confiar en algunas personas y esas personas no habían echo más que traicionarme; esa era la razón por la que en la actualidad me fiaba de muy pocas personas. Ante el pensamiento bajé la vista, en la arena había una pequeña concha de color café claro y me agaché para tomarla entre mi mano. Era pequeña y frágil… tan frágil que podía romperse si apretaba el puño… tal como lo estaba haciendo ahora, mis nudillos estaban blancos de la presión que estaba ejerciendo, a sabiendas que lo que quedaba de la concha era solo polvillo aunque parecía imposible dejar de ejercer la presión. Finalmente y después de varios minutos lo había logrado, dejé que los restos de la concha cayeran a mis pies y por un rato me quedé observando como las olas iba y venían.




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Re: Sometimes you get the wrong impression || Rhymer Overwhill

Mensaje por Rhymer Overwhill el Sáb Abr 07, 2012 4:58 am

El cielo era azul y el sol brillaba, como siempre aunque no estaba tan cerca de la playa podía llegarme su frescura y casi podría jurar que podía escucharlo, pero eso era algo tonto porque estaba bastante lejos, al menos lo suficiente como para no poder escucharlo tumbada sobre aquel tejado. Las nubes escaseaban en el lienzo turquesa sobre mi así que era casi imposible el intentar encontrarle forma a las nubes, de las pocas que habían la mayoría eran borrones sin forma, solo como polvo esparcido en el suelo, pero arriba en vez de abajo. Suspiré. Una tenía forma de ¿Pez?, y aquella otra era... no lograba entenderlo ¿Era eso una lanza de pesca? Y entonces todas aquellos borrosos montones de polvo blanco volador dejaron de parecerlo y comencé a verlos como algo completamente diferente, era sangre. Cerré los ojos durante un momento, y los volví a abrir, de nuevo sangre, eran charcos de aquella sustancia roja, allá arriba eran blancas pero para mi parecían sangre ¿Era lógico? No, no lo era, mi subconsciente intentaba decirme algo, algo que no me gusta para nada, me molestaba eso, en momentos aburridos siempre veía algo hermoso, quizá un conejo, una mariposa o una pequeña hada, tan pequeña que los demás decían no poder verla, pero ahora alguien me jugaba una mala broma, estaba comenzando a ver las cosas como los demás decían que eran: horribles, no me gustaba, me gustaba más como era antes ¿Por qué las hadas me habían abandonado? Porque no se acercaban a personas tristes, y yo en ese momento estaba casi triste.

"Me he perdido mucho en su vida..."Dijo mi madre, mi padre casi no hablaba "Es solo que no hemos podido..." se excusaba el, pero no le servía de nada, mi madre estaba extraña y no hacía más que cuestionarlo todo, lamentarse por alguna cosa que yo desconocía "Es nuestra hija, nuestra única hija" Oh, así que hablaban de mí, yo era la única hija que tenían; "¿Qué pasaría si....si ella fuera...?" Si yo fuera ¿Qué? Por como se le quebraba la voz a mamá no debía ser nada bueno "No te preocupes, no pasará, no será ella" Que yo no ¡Qué? Me impacientaba la situación: Mis padres hablando en el lugar más alejado de mi habitación, escondidos en la oscuridad de la cocina y yo oculta tras esa mesita, había llegado hace poco, habría seguido mi camino por el vaso de agua pero lo que había escuchado había llamado mi atención, ni siquiera me preocupé por el hecho de que me vieran o me escucharan -desde el principio se notaba que era una charla privada- porque nunca lo hacían, era silenciosa como la nada, si, como la nada porque no producía ningún sonido al caminar, también era invisible como el oxigeno, no importaba si quería ser encontrada o no, nunca nadie podía encontrarme, nadie podía verme venir, así que me quedé ahí escuchando, intentado resolver un misterio que muy en el fondo de mí ya había descubierto "No sé que haría sí Rhymer fuera elegida el día de la cosecha" chilló mi madre. Con que eso era, ¿Qué que haría? Nada, nunca hacía nada, nunca estaba, nunca tenía tiempo, el preocuparse ahora no servía de nada; pero no estaban hablando sobre cuanta atención me prestaban, sino de cuanta no me había prestado y que ahora corrían el peligro de no poder prestármela jamás, eso sí me elegían en "Los Juegos del Hambre" No lo había pensado aún.

Lo había escuchado antes, en las clases de historia de Panem, y habían desencadenado una extraña curiosidad en mí, lo que me llevó a la vieja y destrozada casa abandonada de el último en ganar los juegos en nuestro distrito quien murió de gripe o algo así. Nadie había vaciado su "hogar" cuando este se había ido de el mundo de los vivos así que algo de información debía haber ahí...si, podía tomarse como varios delitos, pero como ya lo he mencionado, nunca nadie podría saberlo pues desde pequeña era así. Encontré algunos vídeos y me los llevé a casa para verlos; eran horribles, violentos, sangrientos... no podía entender como antes permitían que algo así pasara, eran niños como yo, peleando entre ellos a muerte sin un motivo aparente más que salir de ahí con vida mientras los demás se quedaban. No era nada bonito, ¿Qué pasaba con su infancia?¿Que pasaba con aquellos cuentos de hadas que parecían jamás haber leído?

Pues si, todo eso recorría por mi mente mientras me encontraba acostada mirando el cielo, el recuerdo de anoche, el recuerdo de unos años atrás y el momento en sí, en el que sentía verdaderamente la posibilidad de ser elegida, sabía que si quedaba no moriría fácil, todos esos años sin padres habían servido para enseñarme muchas cosas, lo que me hacía algo raro en el estomago era el hecho de alejarme de mi desinteresada familia, de mi casa, de aquel gato que siempre pasaba frente a la puerta, de aquella libertad, de las canciones del mar, esas que todos decían no escuchar pero que yo siempre oía, esa melodía que se ocultaba entre las olas del océano... Debía ir, si en serio existía la posibilidad de dejar de verlo yo quería llevarme un recuerdo de el. Me levanté de un salto y brinqué de ese techo a otro, sin siquiera hacer el sonido de la caído, como el salto de una bailarina, y me encontré con la escalera. Cuando estuve abajo me dirigí a la playa, casi corriendo, solo quería estar frente a el agua salada y sentir la arena cediendo ante las plantas de mis pies. Había varias personas, porque a la gente les gustaba visitar nuestro distrito de vez en cuando gracias a ella. Me quité los zapatos y dejé a mis pies descalzos tocar la arena, suave, era como un masaje en ellos que me hacía sentir bien dentro de mí, estaba un poco caliente pero poco me importaba, así que comencé a caminar hacia la orilla.

No me vio llegar, estaba parado, era rubio y un poco más alto que yo, parecía que entrenaba algún deporte o algo así, cosa que no era demasiado común en el distrito porque la mayoría se dedicaba a la pesca, y miraba al frente, me coloqué a su lado, yo sabía que era como si no estuviese ahí... a veces me molestaba que no pudieran notarme. -¿Por qué hiciste eso? Yo no vi que aquella bonita concha te hiciera algo a ti- dije en un tono neutro, sin emoción alguna lo cual me pareció raro, por un momento me pregunté si le molestaría que yo estuviese ahí pero dejó de importarme cuando me dí cuenta de algo: Estaba justo frente al mar, la brisa movía la falda de mi corto vestido y hacía bailar mi cabello mientras enfriaba mis mejillas, pero solo escuchaba las olas rompiendo contra la orilla, no había canción o melodía, solo el océano tranquilo, no podía escucharlo -También el me ha abandonado...- murmuré refiriéndome a la extensión de agua salada frente a mi, podía sentirlo y me dolía, que después de todos estos pensamientos en cierta forma angustiantes no podía hablar con nadie, tenía pocos amigos a los que les tenía real confianza y no los encontraba en ningún lugar, mis padres nunca estaban para mi, y ahora el mar, que siempre me tranquilizaba con la música que producía solo para mí, había hecho lo mismo y me había dejado sola, este tipo de soledad completa nunca la había experimentado, tanta gente al rededor y nadie que pudiese hacerme feliz. De hecho había un chico a mi lado en ese momento al cual no había prestado la atención merecida, lo miré a los ojos, luego le examiné el rostro y volví a su mirada, me quedé viéndolo otro momento con mis penetrantes ojos azules.





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Re: Sometimes you get the wrong impression || Rhymer Overwhill

Mensaje por Runyon A. Flamsteed el Sáb Abr 07, 2012 2:02 pm

“Runyon, no quiero que vayas, por favor” me había suplicado mi madre noches atrás, sus ojos se habían visto invadidos por lágrimas que aún no descendían por sus mejillas. ¿Y qué le había dicho yo? “Para eso he entrenado todo mi vida. No seas ridícula, ganaré y volveré”. Sí, le había contestado como un monstruo sin sentimientos, no como su hijo. Pero la verdad era que la visita a algunos cuantos distritos más me había echo ver que yo no era el único que se estaba preparando: en el Distrito 12 había conocido a esa… chica, Katleen, hija de los famosos Katniss y Peeta; ella tenía la edad para ser escogida y – no lo iba a negar – era bastante buena con el arco y no me creía eso de “no estar preparada”, ser hija de tan importantes y habilidosas personas no le debió haber sido en vano ¿o sí?. En el Distrito 6 había descubierto que tenían una especie de “zona de entrenamiento” donde algunos chicos y chicas eran buenos en lo que hacían, no tenían las armas de mejor calidad pero al menos las sabían usar. ¿Qué me garantizaba que lo mismo no estaba pasando en todos los Distritos? Jóvenes que se estaban haciendo habilidosos con diferentes tipos de armas o sabiendo defenderse y sobrevivir. Ahora que lo pensaba la suerte no parecía estar del todo de mi lado como siempre había pensado.

Si era escogido iba a darlo todo de mi parte aunque sabía que podía volverme en un animal si no me controlaba como mi padre me había contado que les había pasado a muchos Tributos vencedores. Todos habían terminado con algún problema: locos, alcohólicos, paranoicos, incapaces de dormir gracias a las pesadillas, adictos a medicina o a cualquier otra sustancia e incluso uno que otro que había cometido suicidio. Mientras la Cosecha se acercaba yo me trataba de convencer de que estaba preparado tanto física como mentalmente pero… ¿en realidad lo estaba? No estaba seguro de ser escogido pero si lo era ¿Cómo sabía que no iban a haber tributos más fuertes que yo ahí? ¿Cómo sabía que no me iba ha convertir en un loco? Quería ir para sobrevivir y ganar, pero si ganaba quería quedarme cuerdo y sano. Sabía que iba a ver sangre, mucha sangre correr y era lo que menos me importaba a decir verdad, si se trata de sobrevivir algo tienes que hacer. Sin embargo mi estómago no dejaba de reclamarme, pero no era hambre, se sentía como fuertes pinchazos en el órgano tan vital, amenazando con hacerme devolver todo lo que había desayunado esa mañana; por eso mordía mi labio inferior con fuerza aunque el sabor de la sangre empezara a inundar mi boca.

“No debes permitirte ser un debilucho” me dije a mí mismo al sentir que los últimos restos de concha caían por mis dedos. “Tus sentimientos solo te hacen débil” me repetí por centésima vez en aquel día. Fue ahí cuando me permití expulsar el aire que estaba conteniendo, sintiendo como si una carga se me fuera retirando aunque también fue ahí cuando escuché la voz que provenía de al lado mío. Había estado tan concentrado en mis pensamientos que ni siquiera la había notado y ahora que me había hablado mi cuerpo había saltado aunque lo había tratado de disimular torpemente al ver que se trataba de una niña. Bueno, no una niña exactamente, las facciones de su cara aun guardaban esos rasgos aniñados, era alta porque solo era un poco más baja que yo, de complexión delgada, cabello rubio como el oro y ojos como el mar. No le calculaba menos de 16 años aunque no estaba seguro. Mis pensamientos se esfumaron en cuanto la escuché hablar nuevamente y ahí si que no pude evitar mirarla con atención; sus primeras palabras habían sido como un reproche por haber destruido la pequeña concha pero ella había soltado las palabras como algo neutral, sin que sonara acusador pero su segunda oración me tenía confundido. ¿A qué se refería? No había nadie ahí pero su vista estaba fija en el mar ¿A eso se refería? Y si lo hacía… ¿Cómo te podía el mar abandonar? Sinceramente no lo entendía y al tratar de asimilarlo interiormente no hacía más que parecerse a un trabalenguas o a un rompecabezas que no podía armar. Para mi sorpresa no sentía nada en contra de ella porque cualquiera que me hubiera hablado así por una simple concha se podía contentar con mi silencio o una maldición. Sin embargo en ese momento no me sentía con las ganas de eso y tampoco había tomado su comentario como un insulto o algo con lo que tuviera que ponerme a la defensiva.

- Lo lamento, fue una forma de escape – le contesté sin pensarlo. ¿Runyon Flamsteed pidiendo perdón por una patética concha? Sí, definitivamente no estaba en mis cabales en esos momentos - ¿A qué te refieres con eso de que “él” también te ha abandonado? O mejor dicho ¿A quién te refieres? – pregunté con curiosidad y con el ceño fruncido. Empezaba a preguntarme si ella se sentía igual que yo, de alguna manera… vacío por dentro. Era cierto que no me agradaba del todo el olor del mar pero éste siempre me había servido para relajarme y para ponerme a pensar, algo que no siempre terminaba muy bien. En ese momento solo me encontraba algo perdido internamente y la presencia de la chica no hacía más que confundirme más pero al mismo tiempo era como si ella también lograra calmarme de alguna extraña forma. Mis ojos la examinaron por unos cuantos minutos más al igual que ella estaba haciendo, pero dejé de hacerlo para mirar nuevamente el mar y las olas con ese suave vaivén.




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Re: Sometimes you get the wrong impression || Rhymer Overwhill

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